Me llevó unos instantes admitir por qué había vuelto a agachar la mirada, por qué me había ruborizado otra vez, por que se me había revuelto el estómago, por que tenía los ojos humedos y por qué de pronto querí salir corriendo de la habitacion. Era por aquella reación tan poderosa e instintiva.
Por su rechazo.